A través de los años hemos pasado por diversos cambios que nos han permitido crecer y avanzar en el cumplimiento de nuestras metas y de nuestra visión
“Switch: cómo cambiar cuando el cambio es duro”, el título del Best Seller del autor estadounidense Dan Heath, experto en estrategias, quien en meses pasados nos visitó y aportó varias enseñazas a nivel de liderazgo, las cuales hoy quiero compartir con todos para generar reflexiones entorno a estos conceptos, que harán girar nuestro modo de pensar y operar si los aplicamos en nuestro diario vivir.
Para contar cómo sucede el cambio es necesario basarnos primero en lo que la sicología tiene que decirnos acerca de por qué la gente cambia, lo cual trataré de hacerlo entendible con uno de los patrones usado por Dan Heath en la conferencia: Un jinete motando un gran elefante.
Este ejemplo simboliza la constante lucha que ocurre en nuestro cerebro, la parte racional (el Jinete) y la parte emocional (el elefante), que compiten diariamente por el control, pues el jinete monta ese gran elefante, que representa lo impulsivos, instintivos e increíblemente poderosos que somos; es el reflejo de la curiosidad del ser humano, esa pasión, esa parte de indecisión que tienen los empresarios y científicos; esa parte que dice vamos, adelante, sigue, la cual cumple un papel importante en decisiones que tomamos a cada instante.
El jinete, que representa la parte racional, cree que es el que lleva el mando, que es el que tiene el control porque es quien fija la dirección. Es la parte de nosotros que nos hace humanos porque podemos mirar hacia el futuro, planear y resolver problemas. Sin embargo, estos dos lados no siempre están de acuerdo, pero es necesario que el jinete de la dirección al elefante para que ambos hallen el rumbo.
Cómo dirigir al jinete:
Una clave para dirigir al jinete consiste en ser muy conductistas y específicos con lo que se quiere. Eliminar la ambigüedad, tratar de ser precisos, claros y sobretodo “no asustar”. Ejemplo: no dar instrucciones tal como se piensan en u primer momento, déles un orden y unos pasos claros de ejecución para no confundir al colaborador y lograr los objetivos.
Para introducir cambios en el trabajo, en la vida y en nuestro entorno la lección primordial es “Encontrar cosas buenas que brillan con luz propia”. En este punto, todos podemos hacer de nuestro trabajo cotidiano algo especial si encontramos en lo que hacemos esos “destellos de luz”, esas cosas positivas en nuestra gestión; buscar qué sucedió y qué nos motivó cuando hicimos las cosas bien, cuándo tuvimos algún logro, ya que ahí están los ingredientes del éxito.
Motivar al elefante:
El elefante es el que normalmente hace o ejecuta las cosas difíciles porque quiere resultados rápidos.
La gente no cambia solo porque la información que le damos. Una prueba de esto son las personas con comportamientos adictivos como fumar, quienes a pensar de recibir la información acerca de lo nocivo que es para el organismo dejan de hacerlo. Es necesario buscar un mensaje que toque realmente su emoción, que mueva el elefante. Por ejemplo: Los colaboradores sabemos que debemos usar racionalmente los servicios, pero no lo hacemos. Sin embargo, cuando nos ayudan a poner la “Cabeza en la tierra” y nos muestran las consecuencias de lo que hacemos, realmente sentimos como se mueve el elefante y cambiamos nuestra actitud. “La gente observa algo, siente algo y eso genera el deseo de cambiar”.
Por otra parte, es necesario además de poner en primer lugar los sentimientos para mover el elefante, crear identidad. Los líderes debemos asegurarnos de reforzar los valores correctos en nuestra gente; de utilizar el lenguaje indicado al interior de nuestros equipos, reforzando siempre su identidad, y hacer visible los comportamientos correctos del grupo de trabajo a los demás.
Trazar el camino:
La última parte del cambio tiene que ver con el camino. Con un sendero claro para transitar.
El comportamiento es contagioso. Los sicólogos han descubierto una y otra vez que la conducta se contagia, se pega, pero para que sea contagiosa debe ser visible. Por ejemplo: si un colaborador nuevo ve llegar a sus compañeros tarde, seguramente el al tercer o cuarto día comenzará a llegar tarde.
La presión de grupo es una fuerza muy poderosa para provocar el cambio. Debemos asegurarnos que nuestra gente sepa, vea, cuando el equipo hace lo correcto, esa es la mejor evidencia para cambiar los hábitos y conductas negativas en nuestros equipos.
Así mismo, debemos tener en cuenta ajustar el ambiente, porque a veces erramos al atribuir ciertas cosas a la forma de ser de alguien, en vez de atribuirlas a las situaciones o a lo que sucede alrededor. “El cambio en algunas ocasiones no lo impide la persona sino las circunstancias”. Ejemplo: un líder es muy comunicativo y para mantener una relación abierta con su equipo decide dejar la puerta abierta para que hablen con él cuando quieran, pero cuando una persona se acerca a este líder, él está más pendiente de su monitor y de sus mensajes que de escuchar a la persona. En esta situación, seguramente nadie de su equipo lo calificaría como una persona que sí mantiene buena comunicación.
Si cambiamos la situación podemos cambiar el comportamiento. Aquí también aplica comparar momentos anteriores en que se ha sido exitoso y validar qué cosas había en el entorno o ambiente y qué ha cambiado.
También es importante entender que si se desea el cambio, el fracaso es parte del trato, de lo aceptable. Por eso se debe estar dispuesto a superarlo, conllevarlo y manejarlo. A veces no somos pacientes con nosotros mismos y con nuestros hijos, nos concentramos más en lo que sí se debería ser o hacerse que en lo que no.
El cambio requiere esfuerzo, persistencia, práctica y darse el permiso de fracasar y de aprender, algo en lo que todos debemos trabajar, dia a día.